Reglamento ESPR 2024/1781: qué cambia con el nuevo ecodiseño europeo y el pasaporte digital de producto
Durante años, Europa pidió a determinados productos que consumieran menos energía. Ahora quiere algo bastante más ambicioso: que duren más, se reparen mejor, incorporen materiales de forma más eficiente, generen menos residuos y puedan explicar de dónde vienen y qué contienen.
Es un cambio considerable.

El Reglamento (UE) 2024/1781, conocido como ESPR por sus siglas en inglés —Ecodesign for Sustainable Products Regulation—, redefine el marco europeo de ecodiseño y sustituye la antigua Directiva 2009/125/CE.
Entró en vigor en 2024, pero su efecto real será progresivo.
Y ahí está precisamente una de las claves para comprenderlo.
El ESPR no es una gran lista de obligaciones idénticas que hayan caído de golpe sobre todos los fabricantes europeos. Es, más bien, una arquitectura jurídica desde la cual la Unión Europea irá estableciendo requisitos concretos para diferentes grupos de productos.
Un marco para cambiar la manera en que Europa fabrica, compra, utiliza y desecha bienes.
Nada menos.
¿Qué es el Reglamento ESPR?
El Reglamento (UE) 2024/1781 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, establece un nuevo marco para fijar requisitos de ecodiseño aplicables a productos sostenibles.
Su nombre puede resultar engañosamente técnico.
Porque cuando se habla de “ecodiseño”, uno podría imaginar a un ingeniero decidiendo si una carcasa necesita tres tornillos o cuatro.
La ambición es bastante mayor.
La nueva normativa permite establecer requisitos relacionados con aspectos como:
durabilidad;
fiabilidad;
reparabilidad;
posibilidad de mantenimiento;
reutilización;
actualización;
presencia de sustancias que dificulten la circularidad;
eficiencia en el uso de energía y recursos;
contenido reciclado;
reciclabilidad;
generación de residuos;
huellas ambientales;
disponibilidad de determinada información sobre el producto.
El diseño deja así de observarse únicamente desde la fábrica.
Europa empieza a mirar todo el ciclo de vida.
Desde que el producto nace hasta que, con suerte, deja de ser residuo y vuelve a convertirse en materia prima.
¿Qué normativa sustituye el ESPR?
El Reglamento 2024/1781 sustituye al anterior marco establecido por la Directiva 2009/125/CE, conocida habitualmente como Directiva de Ecodiseño.
Aquella normativa desempeñó un papel importante, particularmente en relación con los productos relacionados con la energía.
Frigoríficos.
Lavadoras.
Pantallas.
Calderas.
Motores.
Iluminación.
Muchos consumidores jamás habían oído hablar de aquella directiva, aunque probablemente convivieran con sus consecuencias todos los días.
Es una de esas pequeñas ironías regulatorias de Europa: algunas de sus normas más influyentes son precisamente aquellas cuyo nombre nadie recuerda al entrar en una tienda.
El ESPR amplía enormemente el planteamiento.
Ya no se centra exclusivamente en productos relacionados con el consumo energético.
El nuevo marco puede extenderse a una gama mucho mayor de bienes físicos.
Del consumo eléctrico a la economía circular
Aquí está el verdadero salto.
El antiguo modelo de ecodiseño preguntaba, en gran medida:
¿Cuánta energía consume este producto?
El nuevo modelo añade muchas otras preguntas:
¿Cuánto dura?
¿Puede repararse?
¿Qué materiales contiene?
¿Puede desmontarse?
¿Cuánto material reciclado incorpora?
¿Qué sucede cuando termina su vida útil?
¿Puede actualizarse en lugar de sustituirse?
Es un cambio de perspectiva.
Durante décadas diseñamos una parte importante de nuestra economía como si los materiales fueran infinitos y los residuos pudieran desaparecer por arte de magia detrás de un contenedor.
El ESPR parte justamente de la sospecha contraria.
Los residuos no desaparecen.
Solo cambian de dirección.
¿A qué productos puede afectar el ESPR?
Una de las grandes novedades es su amplio alcance potencial.
El reglamento establece un marco aplicable, con determinadas excepciones, a una extensa variedad de productos físicos que se comercialicen o pongan en servicio en la Unión Europea.
Eso no significa que todos los productos estén sujetos desde 2024 a idénticas obligaciones concretas.
Este matiz es esencial.
El reglamento funciona fundamentalmente como marco habilitador.
La Comisión Europea irá adoptando actos delegados para establecer los requisitos específicos aplicables a determinados grupos de productos.
Por tanto, conviene distinguir entre dos niveles.
Primero existe el reglamento general.
Después llegan las normas concretas para cada familia de productos.
Es algo parecido a aprobar las reglas de un campeonato antes de publicar el calendario de cada partido.
¿Todos los productos están incluidos?
No.
El propio reglamento contempla exclusiones.
Entre ellas se encuentran, por ejemplo, determinados alimentos, piensos, medicamentos y otros productos sujetos a marcos jurídicos específicos.
También existen particularidades para determinadas categorías.
La razón es bastante sencilla: no tendría demasiado sentido regular un medicamento, un automóvil y una camiseta exactamente con el mismo conjunto de requisitos.
Lo revolucionario del ESPR no es uniformar todos los productos.
Es disponer de un marco común desde el que establecer exigencias adaptadas a distintos sectores.
Una de las grandes novedades: el Pasaporte Digital de Producto
Probablemente uno de los conceptos que más escucharemos durante los próximos años sea el Pasaporte Digital de Producto, o DPP, por sus siglas en inglés.
La idea es relativamente fácil de comprender.
Determinados productos podrán contar con un registro digital que permita acceder a información relevante sobre ellos.
Dependiendo de las reglas específicas establecidas para cada categoría, ese pasaporte podrá incluir datos relacionados con materiales, composición, reparación, reciclaje, origen u otra información requerida.
En lugar de que la historia de un producto termine escondida en una base de datos del fabricante, parte de esa información podrá acompañarlo durante su vida útil.
El objeto adquiere, por así decirlo, memoria.
Una chaqueta dejará de ser únicamente una chaqueta.
Una batería dejará de ser únicamente una batería.
Un mueble podrá llevar detrás una pequeña biografía digital de materiales, componentes y características.
La economía circular comienza así a parecerse un poco menos a una consigna y un poco más a un sistema de información.
¿Para qué servirá el pasaporte digital?
El objetivo es facilitar el acceso a información útil para distintos actores.
Consumidores.
Fabricantes.
Importadores.
Distribuidores.
Reparadores.
Recicladores.
Autoridades públicas.
La información exacta dependerá de las normas que se desarrollen para cada categoría de producto.
Y ese detalle es importante.
No existe un único pasaporte universal con idénticos datos para todo aquello que se vende en Europa.
Un textil y un producto electrónico tienen problemas ambientales distintos.
Sus pasaportes también podrán serlo.
Reparar en lugar de tirar
Otro de los grandes ejes del ESPR es la durabilidad y reparabilidad.
Durante décadas, una parte de la economía de consumo funcionó siguiendo una lógica sencilla.
Fabricar.
Vender.
Usar.
Tirar.
Volver a comprar.
Era un modelo extraordinariamente eficaz para mover mercancías y bastante menos brillante para conservar recursos.
El nuevo ecodiseño europeo pretende favorecer productos capaces de permanecer más tiempo en circulación.
Eso puede implicar requisitos relacionados con facilidad de desmontaje, disponibilidad de determinada información para reparación, fiabilidad de componentes o posibilidades de mantenimiento, dependiendo del producto y de las futuras medidas específicas.
La sostenibilidad adquiere aquí una dimensión sorprendentemente doméstica.
A veces salvar recursos naturales empieza con algo tan modesto como poder cambiar una pieza sin destruir el aparato entero.
El ESPR y la obsolescencia
El Reglamento no puede resumirse simplemente como una “ley contra la obsolescencia programada”.
Eso sería demasiado simplista.
Pero sí crea herramientas que pueden combatir algunas de las consecuencias de productos poco duraderos, difíciles de reparar o concebidos sin demasiada atención a su final de vida.
Los futuros requisitos de ecodiseño podrán abordar características relacionadas con vida útil, fiabilidad, actualización y reparación.
El cambio conceptual resulta importante.
Hasta hace no demasiado tiempo, un producto podía considerarse eficiente porque consumía poca electricidad mientras funcionaba.
Ahora Europa empieza a preguntarse qué sentido tiene ahorrar energía durante el uso si el aparato debe sustituirse innecesariamente pronto.
Eficiencia y durabilidad ya no deberían caminar por carreteras separadas.
Más información no significa automáticamente mejores productos
Existe, sin embargo, una precaución necesaria.
La transparencia puede mejorar el mercado.
Pero generar montañas de información no garantiza por sí mismo sostenibilidad.
Un pasaporte digital inútil sería poco más que burocracia con código QR.
El verdadero desafío estará en conseguir que los datos sean fiables, comparables y útiles.
Que un reparador pueda encontrar lo que necesita.
Que un reciclador conozca qué materiales está tratando.
Que una autoridad pueda verificar el cumplimiento.
Y que un consumidor pueda comprender la información sin necesitar un máster en ingeniería ambiental para comprar una cafetera.
Ese equilibrio será decisivo.
El problema de los productos no vendidos
El ESPR introduce además otro asunto particularmente llamativo: la destrucción de bienes de consumo que nunca llegaron a utilizarse.
Durante años, determinadas empresas han destruido productos sin vender.
Ropa.
Calzado.
Artículos devueltos.
Excedentes.
Un escenario bastante peculiar: fabricar utilizando energía, agua, materias primas y transporte para terminar destruyendo algo que jamás cumplió la función para la que fue producido.
Es casi economía circular, pero dibujando el círculo al revés.
El Reglamento establece obligaciones de transparencia relacionadas con la eliminación de productos de consumo no vendidos y contempla prohibiciones para determinadas categorías, con condiciones, calendarios y excepciones previstos en la propia normativa.
Entre los ámbitos especialmente relevantes aparecen los productos textiles y el calzado.
Para algunos sectores, este punto puede terminar siendo una de las consecuencias comerciales más visibles del nuevo marco.
El papel de la contratación pública
Europa no solamente regula lo que las empresas pueden vender.
También compra.
Mucho.
Administraciones, hospitales, colegios, organismos públicos y empresas públicas adquieren cada año enormes cantidades de productos.
El ESPR permite utilizar la contratación pública ecológica como otro instrumento de transformación.
La lógica es bastante poderosa.
Si una administración exige determinados niveles de sostenibilidad cuando compra miles de productos, no solamente reduce su propio impacto.
También puede crear demanda para productos más sostenibles.
El comprador público deja de ser un simple consumidor.
Se convierte en palanca industrial.
¿Qué significa el ESPR para los fabricantes?
Para los fabricantes, el impacto potencial es enorme.
Aunque dependerá de los requisitos que se establezcan para cada producto, las empresas deberán acostumbrarse a pensar más allá de fabricación y comercialización.
Diseño.
Materiales.
Reciclabilidad.
Trazabilidad.
Reparabilidad.
Datos.
Fin de vida.
Todo empieza a formar parte de una misma conversación.
Eso puede obligar a revisar cadenas de suministro y sistemas de información.
Porque fabricar un producto sostenible será complicado si la empresa ni siquiera sabe con suficiente precisión de dónde proceden algunos de sus componentes.
El pasaporte digital puede terminar convirtiendo la trazabilidad en algo bastante menos opcional.
¿Y qué ocurre con los importadores?
Este punto merece atención especial.
El mercado europeo importa una enorme cantidad de productos fabricados fuera de la Unión.
El ESPR no tendría demasiado sentido si las exigencias desaparecieran simplemente trasladando la fábrica unos miles de kilómetros.
Por ello, los requisitos europeos están ligados a la comercialización de los productos en el mercado de la Unión, con obligaciones para los distintos operadores económicos.
Esto puede convertir el ESPR en algo más que una regulación ambiental interna.
Europa es uno de los mayores mercados de consumo del planeta.
Cuando modifica las condiciones para acceder a ese mercado, fabricantes de otros países suelen prestar atención.
Es el conocido poder regulatorio europeo: Bruselas escribe una norma y, de repente, una fábrica al otro lado del mundo revisa su cadena de producción.
¿Qué significa para las pequeñas empresas?
Aquí el panorama es más delicado.
Las grandes multinacionales cuentan normalmente con departamentos jurídicos, equipos de sostenibilidad, especialistas de producto y sofisticados sistemas de gestión de datos.
Una pequeña empresa no siempre.
La adaptación al ESPR puede implicar costes de información, trazabilidad, rediseño y cumplimiento normativo.
El propio marco europeo contempla la situación de las pequeñas y medianas empresas, pero la aplicación práctica será crucial.
Una transición sostenible que solamente puedan permitirse las grandes empresas generaría una contradicción incómoda.
Por eso será importante que las futuras obligaciones sean proporcionadas y que existan herramientas de apoyo adecuadas.
¿Cuándo empezará a notarse realmente?
El Reglamento se publicó en 2024 y entró en vigor ese mismo año, pero muchas de sus repercusiones concretas aparecerán gradualmente.
Este es probablemente el aspecto que más confusión puede generar.
No existe una fecha única en la que absolutamente todos los productos pasen repentinamente a tener nuevos requisitos.
La Comisión Europea debe ir desarrollando el marco mediante programas de trabajo y actos específicos para las distintas categorías de producto.
Por tanto, empresas y sectores deberán observar con atención el calendario regulatorio correspondiente a sus productos.
El ESPR ha construido el escenario.
Ahora empezarán a entrar los actores.
Del ecodiseño a una nueva política industrial europea
Quizá el aspecto más interesante del Reglamento sea que resulta difícil clasificarlo únicamente como normativa ambiental.
También es política industrial.
Política de consumo.
Política comercial.
Política de materiales.
Y política de innovación.
Un producto diseñado para durar más afecta al consumidor.
Uno reparable afecta a talleres y fabricantes de repuestos.
Uno que incorpora materiales reciclados afecta al mercado de materias primas secundarias.
Uno con pasaporte digital afecta a plataformas de datos y cadenas de suministro.
El producto deja de ser una isla.
Se convierte en el punto de encuentro de toda una economía.
¿Puede el ESPR encarecer los productos?
Es posible que determinados requisitos generen costes adicionales de diseño, documentación, materiales, trazabilidad o fabricación.
Pero observar únicamente el precio de compra puede proporcionar una imagen incompleta.
Un producto más caro que dura el doble quizá sea económicamente mejor para el consumidor.
Otro fácilmente reparable puede evitar una sustitución.
Uno más eficiente puede reducir costes durante el uso.
La pregunta importante deja de ser exclusivamente:
¿Cuánto cuesta comprarlo?
Y empieza a ser:
¿Cuánto cuesta tenerlo durante toda su vida útil?
El producto barato que hay que reemplazar una y otra vez tiene una extraña habilidad para acabar siendo caro.
¿Qué relación tiene el ESPR con la economía circular?
Prácticamente toda.
La economía circular intenta mantener productos, componentes y materiales en uso durante más tiempo y reducir la necesidad de extraer continuamente nuevos recursos.
El ESPR pretende actuar precisamente desde el diseño.
Porque cuando un producto llega al contenedor, muchas de las decisiones fundamentales ya fueron tomadas años antes.
Si los materiales están pegados de manera inseparable, reciclar será difícil.
Si no existen piezas de recambio, reparar será complicado.
Si nadie conoce la composición, recuperar materiales será costoso.
El residuo nace, paradójicamente, en la mesa de diseño.
Por eso intervenir allí puede ser mucho más efectivo que intentar resolverlo todo cuando el producto ya está roto.
Una regulación destinada a cambiar cosas que todavía no vemos
El Reglamento 2024/1781 puede parecer hoy una norma especialmente técnica.
Probablemente no lo parecerá dentro de unos años.
Si el sistema se desarrolla como está previsto, veremos sus consecuencias en etiquetas digitales, requisitos de producto, reparaciones, textiles, mobiliario, materiales, contratación pública y cadenas de suministro.
Como ocurrió con anteriores normas europeas de eficiencia energética, la regulación irá entrando silenciosamente en objetos cotidianos.
Y llegará un momento en el que parecerá normal que un producto indique cómo repararlo, qué materiales contiene o cómo reciclarlo.
Las transformaciones regulatorias más profundas tienen a veces esa curiosa característica.
Primero parecen burocracia.
Después parecen inevitables.
Y finalmente nadie recuerda cómo funcionaba el mercado antes de ellas.
El ESPR cambia la pregunta
Durante décadas nos hemos preguntado principalmente qué hace un producto y cuánto cuesta.
Europa quiere añadir otras preguntas.
¿Cuánto dura?
¿Puede repararse?
¿Puede reutilizarse?
¿Con qué materiales se ha fabricado?
¿Qué ocurrirá con ellos cuando deje de funcionar?
El Reglamento (UE) 2024/1781 no responderá por sí solo todas esas cuestiones.
Su verdadero efecto dependerá de los requisitos específicos que se aprueben para cada categoría y de cómo se apliquen.
Pero el cambio de dirección ya está trazado.
La sostenibilidad deja de añadirse al final del proceso como una etiqueta verde.
Empieza en el tablero de diseño.
Y, quizá, esa sea la parte más revolucionaria del ecodiseño europeo.
Preguntas frecuentes sobre el Reglamento ESPR
¿Qué significa ESPR?
ESPR son las siglas de Ecodesign for Sustainable Products Regulation, es decir, Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles.
Se refiere al Reglamento (UE) 2024/1781.
¿Cuándo se aprobó el Reglamento ESPR?
El Reglamento está fechado el 13 de junio de 2024 y fue publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea en 2024.
Su aplicación práctica es progresiva, ya que numerosos requisitos deberán concretarse mediante actos posteriores para diferentes categorías de productos.
¿Qué norma sustituye?
Sustituye el marco de la Directiva 2009/125/CE, que establecía requisitos de diseño ecológico principalmente para productos relacionados con la energía.
¿El ESPR afecta ya por igual a todos los productos?
No.
El Reglamento establece un marco general desde el que la Comisión Europea podrá adoptar requisitos específicos para distintas categorías de productos.
Por eso las obligaciones concretas dependerán en buena medida de los actos que se adopten para cada grupo.
¿Qué es el Pasaporte Digital de Producto?
Es un sistema destinado a facilitar información digital sobre determinados productos.
Los datos exigidos dependerán de cada categoría, pero pueden estar relacionados con aspectos como composición, materiales, reparación, sostenibilidad o reciclaje.
¿Todos los productos tendrán pasaporte digital?
No debe interpretarse que cualquier producto comercializado en Europa tenga automáticamente que disponer del mismo pasaporte desde la entrada en vigor del Reglamento.
Su aplicación dependerá de los requisitos establecidos para las diferentes categorías.
¿El ESPR pretende que los productos duren más?
Sí, la durabilidad es uno de los aspectos que pueden abordarse mediante los requisitos de ecodiseño.
También pueden establecerse condiciones relativas a fiabilidad, reparabilidad, mantenimiento, reutilización, actualización o reciclabilidad.
¿Se prohibirá destruir productos nuevos que no se hayan vendido?
El Reglamento introduce obligaciones relacionadas con los productos de consumo no vendidos y establece un marco para restringir la destrucción de determinadas categorías, especialmente en ámbitos como textiles y calzado, de acuerdo con las condiciones, excepciones y calendarios previstos legalmente.
¿Afecta a productos fabricados fuera de la Unión Europea?
Puede afectar a productos de terceros países cuando se comercializan en el mercado europeo.
El cumplimiento no depende simplemente del lugar en el que se encuentre la fábrica, sino de las reglas aplicables a los productos que se introducen en el mercado de la UE.
¿Qué sectores deberían prestar especial atención?
Potencialmente muchos.
Entre los ámbitos sobre los que la política europea de productos sostenibles ha mostrado especial interés se encuentran textiles, mobiliario, determinados productos electrónicos, materiales y otros bienes con un impacto relevante sobre recursos y medio ambiente.
Las empresas deben comprobar, no obstante, los actos específicos y calendarios aplicables a su categoría concreta.
¿Es lo mismo ESPR que etiquetado energético?
No.
Están relacionados con la política europea de productos y eficiencia, pero son instrumentos diferentes.
La etiqueta energética informa fundamentalmente sobre aspectos relacionados con eficiencia y consumo de determinados productos.
El ESPR ofrece un marco mucho más amplio que puede incluir durabilidad, reparabilidad, materiales, reciclabilidad, contenido reciclado y otras características.
¿Qué relación tiene con el derecho a reparar?
Son iniciativas relacionadas dentro de la estrategia europea hacia productos más duraderos y una economía más circular, pero no son exactamente la misma norma.
El ESPR puede establecer requisitos de producto relacionados con reparabilidad, mientras que otras normas europeas regulan específicamente aspectos del derecho a reparar.
¿Dónde puedo consultar el Reglamento ESPR oficial?
La referencia jurídica principal es EUR-Lex, el portal oficial de legislación de la Unión Europea.
Fuentes oficiales
Reglamento (UE) 2024/1781 — Ecodesign for Sustainable Products Regulation (ESPR)
EUR-Lex:
https://eur-lex.europa.eu/eli/reg/2024/1781/oj
Directiva 2009/125/CE — anterior marco europeo de ecodiseño
EUR-Lex:
https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:32009L0125
Comisión Europea — Ecodesign for Sustainable Products Regulation
Información institucional sobre la política europea de productos sostenibles:
https://commission.europa.eu/energy-climate-change-environment/standards-tools-and-labels/products-labelling-rules-and-requirements/sustainable-products/ecodesign-sustainable-products-regulation_en
Comisión Europea — Sustainable Products
Portal institucional sobre productos sostenibles y economía circular:
https://environment.ec.europa.eu/topics/circular-economy/ecodesign-sustainable-products-regulation_en
Plan de Acción para la Economía Circular de la Comisión Europea
Contexto general de la estrategia europea de economía circular:
https://environment.ec.europa.eu/strategy/circular-economy-action-plan_en
Nota editorial: el ESPR es una normativa marco cuyo desarrollo se produce progresivamente. Para determinar las obligaciones concretas aplicables a una empresa o producto es necesario comprobar los actos delegados, medidas de ejecución y calendarios específicos que correspondan a esa categoría de producto.



